Es verdad que desde la infancia uno espera con mucho entusiasmo el momento de ingresar finalmente a ese edificio al que, indirectamente, tenes prohibida la entrada. Pasan los años y el momento lentamente se acerca. Ese último día antes de poner un pie adentro, te ataca una mezcla de sentimientos que van desde el entusiasmo y la ansiedad, hasta el nerviosismo y un poco de miedo.
Fianlmente, entrás al aula que te asignaron, te sentás y empieza el circo. Desfilan un par de profesores por el curso, te cruzás con algún que otro conocido, y cuando termina ese primer día, te das cuenta de que no era la gran cosa, que lo único que cambian son las caras y el lugar. Que vos sos el mismo que fuiste años atrás: 0 responsabilidad, 0 madurez ... 0 nada... no cambiaste, y no vas a cambiar por estar en la universidad.
Y de repente te das cuenta, de lo rápido que se pasa el tiempo...
Inaugurando una nueva vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario